¿Qué son los biolubricantes? Todo lo que tienes que saber sobre los aceites biodegradables

Diferencia entre aceite de competicion y comercial
10 febrero 2026

Los lubricantes biodegradables son parte de la transición hacia operaciones industriales más respetuosas con el medio ambiente. En los últimos años, los biolubricantes han ganado peso, ya que permiten trabajar con garantías técnicas reduciendo la huella ambiental cuando existe riesgo de fugas en entornos sensibles, como el mar o el suelo forestal.

En esta guía, vamos a explicar qué son los aceites biodegradables y algunos aspectos clave sobre ellos, cómo la forma de medir su biodegradabilidad o las certificaciones que los acreditan.

¿Qué es un lubricante biodegradable o biolubricante?

Un biolubricante es un lubricante formulado para degradarse en presencia de microorganismos. Puede proceder de materia prima renovable o de origen fósil, pero lo que lo define es su comportamiento frente a la biodegradación.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que un lubricante puede degradarse y, aun así, resultar problemático si afecta a la vida acuática o se concentra en tejidos con el tiempo. Por eso, un biolubricante debe sumar otros dos principios esenciales: evita la ecotoxicidad y la bioacumulación en los organismos. Además, determinadas sustancias con indicaciones de peligro están restringidas o directamente excluidas: no deben añadirse ni formarse de manera intencionada en el producto final.

El objetivo en la formulación de los lubricantes es claro: reducir persistencia, toxicidad y acumulación, sin renunciar a la función principal del lubricante. Eso sí, no hay que confundirlos con el “bioproducto”, etiqueta que alude al origen renovable, sin implicar necesariamente biodegradabilidad. Origen y comportamiento son conceptos relacionados, pero no equivalentes.

Cómo se comprueba la biodegradación

El ensayo OECD 301B

La biodegradabilidad se evalúa en ensayos estandarizados que dan a fabricantes y operadores un lenguaje común para ayudarles a decidir. En lubricantes, el más extendido es el OECD 301B, que mide el dióxido de carbono generado por la descomposición del producto y lo compara con el máximo teórico posible en una atmósfera controlada (es decir, sin dióxido de carbono).

Con ese marco, una sustancia recibe la etiqueta de “fácilmente biodegradable” cuando alcanza el 60 % del máximo teórico en 28 días. Cuando la degradación supera el 20 % pero no llega al 60% en ese periodo, se considera “intrínsecamente biodegradable”. Y si no alcanza estos umbrales, se clasifica como “no biodegradable”.

La etiqueta Ecolabel y otros sellos

Las etiquetas de certificación de biodegradabilidad integran requisitos ambientales y de desempeño, por lo que también son una forma de mejorar la estandarización y facilitar la elección de los clientes. En Europa, la referencia es Ecolabel, pero también existen otras relevantes, como Blue Angel, EAL o Nordic Swan.

Todos ellos valoran la biodegradabilidad, la ausencia de bioacumulación, la ecotoxicidad y los límites de sustancias, junto a un desempeño mínimo en servicio.

Cómo elegir un biolubricante

A la hora de elegir un biolubricante, la recomendación práctica pasa por contrastar certificaciones y revisar fichas técnicas y de seguridad para verificar ensayos como OECD 301B y resultados de ecotoxicidad.

Sin entrar en aspectos demasiado técnicos, también debes tener en cuenta que la biodegradabilidad nace en el diseño molecular. En general, las estructuras más lineales son más accesibles para los microorganismos. Sin embargo, la estabilidad térmica y oxidativa —clave en muchas máquinas— puede tensionarse con esa facilidad de degradación.

Esa es la razón por la que las bases lubricantes son cruciales para este cometido: los aceites de origen vegetal y ciertos ésteres saturados ofrecen alta biodegradabilidad y renovabilidad, pero requieren atención a la estabilidad en caliente, a la hidrólisis y a la compatibilidad con elastómeros. En el otro extremo, las bases minerales de los Grupos I–III y las PAO destacan por su robustez térmica y oxidativa, con una biodegradabilidad muy baja.

Por eso, elegir bien es equilibrar estabilidad y biodegradabilidad en función del equipo, la temperatura de trabajo, el mantenimiento previsto y, sobre todo, el entorno. Cuando el medio está cerca, la biodegradabilidad y la ausencia de bioacumulación pesan más. En cambio, si la exigencia térmica es extrema y el riesgo ambiental es bajo, la estabilidad puede cobrar un mayor peso.

En ambos casos, decidir con datos es la mejor garantía. Si quiere contrastar las necesidades de tu equipo o instalaciones, podemos ayudarte a traducir requisitos ambientales y operativos en decisiones prácticas. Solo tienes que rellenar este formulario y nuestro equipo técnico se pondrá en contacto contigo.